Cuando se ha producido una resubida, se le pasa al jugador que primero realizó la apuesta la responsabilidad de emitir su decisión, teniendo a su vez otras las mismas tres opciones.
De esta manera, se podrá volver a incrementar la apuesta hasta que alguien la acepte o la rechace. En el momento que alguien rechaza una apuesta en una escalada de este tipo, quien ha rechazado la apuesta penaliza a su pareja o a él, dependiendo de la modalidad, con una cantidad de puntos igual a la última apuesta realizada por quien rechazó.
Ejemplo 1: la pareja A envida (2 tantos), la pareja B envida 5 más, y A declina: B se lleva 2 tantos
Ejemplo 2: la pareja A envida (2 tantos), la pareja B envida 5 más, la pareja A replica envidando 10 más, la pareja B declina: A se lleva 7 tantos (2+5).
La gran apuesta, el órdago.
Esta es una apuesta muy concreta por lo que significa. Lanzar un órdago supone apostar en un lance un juego completo de los que se forma la partida, independientemente de la puntuación que se lleve hasta ese momento. Es algo similar al “all-in” del póquer. Si este órdago no es aceptado, se contabilizará la correspondiente penalización a la pareja o jugador que no lo acepte.
En el caso de que el órdago sea aceptado, se paralizará la mano que se está jugando y todos los jugadores pondrán boca arriba olvidando el cómputo hasta ese momento. La pareja que cuente con el vencedor de ese lance habrá ganado el juego.
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