Los jeques árabes han dado pié a multitud de anécdotas en el mundo del juego. A algunos se les conoce una tremenda generosidad, por sus conocidas propinas, aunque por lo normal el jeque que apuesta en un casino, quiere discreción. Apuesta por diversión, ya que no necesitan ganar un premio, podrían comprar el casino si quisieran, pero utilizan es casino como válvula de escape, diversión, reunión, etc.
En el Casino de Marbella acostumbran durante los meses de verano, a recibir séquitos completos de príncipes de diferentes lugares del mundo árabe. Cuando estos millonarios llegan a la ciudad, deslumbran con sus yates, coches, séquitos, etc., y en el casino se frotan las manos puesto que suelen ser unos clientes bastante buenos.
No hace muchos años, un príncipe de un emirato árabe muy conocido en el mundo de las revistas del corazón, se desplazó al mencionado casino junto a su séquito para jugar a su juego favorito, el Blackjack.
Al príncipe le acompañaba una bella dama, vestida con ropas árabes y que supuestamente era una de las favoritas del príncipe.
Durante la sesión, ambos estuvieron jugando al blackjack. El príncipe se veía que conocía el juego. Aplicaba la estrategia básica al pié de la letra, pero el día no era el suyo y estaba perdiendo. En cambio, la mujer, que no parecía tener mucho conocimiento de estrategias ni nada por el estilo, apostaba sin mucho criterio, pero iba ganando.
La noche llega a su fin y el jeque acabó perdiendo 2.000 euros mientras que su bella acompañante finalizó con más de 15.000 euros en premios. Llegado ese momento el séquito se retiró, dejando buenas propinas a todos.
En los días posteriores el jeque volvió varios días a jugar con suerte dispar, pero en estas ocasiones iba solo. Nunca se volvió a ver a la mujer que le acompañó la primera noche y a día de hoy todos especulan sobre lo que pudo pasarle.
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